En la villa de Agudo
Dichos y hechos de una población que perteneció a la Encomienda Mayor de Castilla
jueves, 29 de octubre de 2026
jueves, 22 de octubre de 2026
El consumo de carne de vaca en Agudo durante el Antiguo Régimen. Garbanzos con morro de ternera y champiñones
No he
encontrado todos los apuntes que tomé, pero recuerdo que en el pliego de
condiciones constaba que la carnicería debería ofrecer carne de vaca y de
cabra. Según el Catastro de Ensenada (1752), los vecinos de Agudo mantenían una
cabaña de 170 yuntas de bueyes, 500 vacas de cría, 250 reses vacunas menores de
3 años, 6.500 ovejas (incluyen carneros también) con 1.200 crías, 5.500 cabras
(incluidos los machos) con 1.700 crías y 600 cerdos de todas las edades y
condición. Carne de vaca debieron considerarse los bueyes viejos, que ya no
eran aptos para la labor, y cualquier bóvido de todas las edades que muriera
por accidente. En los libros cancelarios de la Virgen del Rosario y de la
Sacramental se anotan con frecuencia las terneras y vacas atacadas por los
lobos que acaban vendidas a la carnicería; en alguna ocasión también mencionan
una vaca muerta por la edad, lo que no resulta extraño según se ha podido
comprobar en los textos procedentes de otras localidades; en estos casos, la
carne se vendía más barata una vez comprobado que era apta para el consumo. Los
toros lidiados en las capeas también podían despacharse en el establecimiento
público si no se consumían en la fiesta. Las cláusulas de la puja no hacían
referencia al cordero (un producto muy solicitado en otros lugares de España), aun
cuando en Agudo el número de ovejas supera al de cabras en las respuestas del
Catastro; tampoco se menciona el ganado de cerda, quizá porque su sacrificio y consumo
fue de carácter doméstico.
Un auto municipal de 1729 trataba sobre el horario que debía regir para la venta de carne y otro del mismo año, aunque concerniente a otro individuo, sobre la obligación de ofertar carne de vacuno; estudios realizados en otros lugares indican que hubo regulación de los horarios y que, en ocasiones, se llevaron a cabo querellas contra los carniceros por no disponer de los productos cárnicos con los que se habían comprometido.
Desconocemos el momento en el que las carnicerías privadas sustituyeron a la pública; quizá este fuera el motivo por el que la carne de vacuno dejó de estar disponible para la venta; el incremento de establecimientos, seguramente, dificultaría el sacrificio de varios animales cuyo tamaño no permitiría su consumo en un periodo de tiempo corto. La apertura de un matadero frigorífico a comienzos del milenio en Agudo ha puesto de nuevo la carne de vaca y ternera a disposición del vecindario, posibilitando la adquisición de todos los productos cárnicos no elaborados.
Ignoro qué tipo de recetas
cocinaron nuestras gentes en los siglos anteriores, aunque cabe suponer que no
serían muy distintas a las que nos han transmitido nuestras abuelas: guisos
sencillos con productos autóctonos. La disponibilidad de casquería de vacuno, que
no estuvo al alcance de los hogares agudeños durante el siglo pasado, me ha persuadido
de comenzar un conjunto de posibles recetas preparadas con este producto, ya
que, antes como ahora, era lo más barato y, por tanto, más asequible para las
familias con menos recursos.
Como acostumbraron a hacer las
agudeñas durante siglos, he preparado morro de ternera con lo que se me ha
ocurrido que mejor combinaría de lo que tenía en casa. Los garbanzos ya se
mencionan en el Catastro como uno de los frutos que se cosechan en el término
municipal; hasta bien mediada la centuria pasada, se sembraban en rotación con
los cereales, se usaron para consumo humano y animal, y su producción superaba
con creces a la de judías, la segunda legumbre protagonista de los pucheros
locales. Mientras estuvo operativo el matadero municipal, los garbanzos con
callos y pata de chivo fueron un plato bastante común por lo que no debe
sorprendernos que, cuando fue factible, también se acompañaran con morro de
ternera; además, todavía hoy, las judías se cocinan con oreja, pata, rabo y
morro de cerdo.
Respecto a la incorporación de
los champiñones, he de reconocer que es una licencia que me he tomado, aunque
no existe una causa que justifique negar su presencia. Hasta donde alcanza la
memoria los garbanzos se han complementado con hortalizas en el potaje
(espinacas o judías verdes a tenor de los meses) y en el cocido (coles, patatas
y nabos); el otoño, una estación en la que las verduras cultivadas no hacen acto de presencia, es el tiempo de los champiñones silvestres: nuestros hongos,
que han estado y están presentes en un buen número de preparaciones de la
temporada (arroz, patatas, salsa, asados, etc.).
lunes, 27 de julio de 2026
Santa Ana, madre de la Virgen y titular de una ermita en el paraje del mismo nombre
jueves, 23 de julio de 2026
Diez años celebrando San Benito Abad
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Comenzaba el verano de 2017 y José Luis J. Manzaneque,
párroco de la localidad, propuso a Afammer-Agudo realizar algún acto a fin de
conmemorar la festividad de San Benito, patrón de la parroquia y del pueblo,
que había dejado de conmemorarse desde hacía muchas décadas (en la década de
los sesenta del siglo pasado, D. Alfonso Axpe lo recuperó durante unos años,
aunque la cosa no llegó a arraigar).
Diez años después parece
confirmarse que la fiesta se ha consolidado aun cuando carece de apoyo
financiero externo. Desde el primer momento costeó los gastos ocasionados en el
ramo e, incluso obtuvo un mínimo superávit; reuniendo el sobrante de varios
años ha conseguido hacerse cargo de la restauración de la sillería que se usa
en el presbiterio. Sin perder de vista las necesidades de la parroquia, el
dinero recolectado en los últimos años se va a dedicar a las obras de la
iglesia del festejado, cuyo deleznable estado es conocido por todos.
Las fotografías, que mostrarán la
fiesta a los que no estuvieron, son obra de Joaquín y la dirección de cocina,
que hizo posible el éxito de la fiesta, fue de la mano de Jose. Gracias a los
dos (hubo más gente, lógicamente, pero no se trata de mencionar a todos los
colaboradores).
lunes, 6 de abril de 2026
Los espacios del ayuntamiento viejo y el pósito habilitados como escuelas
La Ley Moyano de 1857 incorpora la obligatoriedad para la primera etapa (6-9 años) de enseñanza secundaria tanto para niñas como para niños, lo que implicaría la necesidad de habilitar escuelas para ambos sexos en las localidades donde no las hubiera. Se desconoce si hubo una escuela femenina con anterioridad a ese momento en Agudo, pero sí consta su existencia en abril de 1861, cuando el B.O.P. publica el itinerario de inspección de la provincia y señala dos escuelas en la localidad, una de niños y otra de niñas.
En el primer tercio del siglo XX,
la actual casa del alguacil y las dependencias de la cárcel estuvieron
destinados a morada de los maestros, pues no fue hasta los tiempos de la 2ª
República cuando la citada casa del alguacil pasó a ser el hogar de estos
oficiales del ayuntamiento; pudo ser entonces cuando se desgajaron las
estancias del norte para utilizarlas como cárcel, pues me contaron de gente que
estuvo allí detenida. Hasta entonces, había sido la planta baja del pósito la que acogió ese
uso; finalizada la Guerra Civil, algunas de sus estancias se usaron como
piconera para las escuelas y las oficinas municipales.
A comienzos de la década de los
cuarenta, la escalera de acceso al piso superior del pósito, donde se hallaban
las aulas de los niños, se sacó a la plaza (donde está ahora) y la sala que
había ocupado hasta entonces, se habilitó como otra aula para niñas; la pieza
que hoy ocupan los servicios, que hasta ese momento había constituido la
entrada principal del ayuntamiento, también se usó como clase de niñas en esos
años.
En un momento no determinado,
quizá finales de los años cincuenta, se abandonó la estancia de los servicios y
se acomodaron tres naves de la planta baja del pósito (la cuarta quedaría como
piconera). Las dos del fondo se destinaron a párvulos y la que hoy ocupa
Correos para niñas de 6 años. En la década de los cincuenta se habían
construido a peón de villa seis aulas en el ejido, junto a la ermita de la
Virgen (fueron conocidas como las escuelas de abajo, en tanto que las antiguas
pasaron a llamarse escuelas de arriba); tres se asignaron a niñas y tres a
niños. Cuando, en 1969, se inauguró el edificio nuevo en el patio de las
escuelas de abajo las de arriba perdieron definitivamente el uso al que habían
estado destinadas durante más de un siglo.
[ Mi agradecimiento a Julio Chocano, quien me proporcionó la correspondencia entre el Ayuntamiento de Agudo y la Diputación de Ciudad Real; son fotografías de los documentos originales conservados en el archivo de la Diputación Provincial. Desconozco sus referencias bibliográficas].
-Las imágenes proceden de mi archivo personal y del de los hermanos Muñoz Redondo, salvo la de los alumnos del asilo, que no recuerdo quién me la proporcionó.
-Boletín Oficial de la Provincia, nº de 1/abril/1861 y 29/noviembre/1861.
-Catastro de Ensenada. Respuestas Generales de Agudo, 1752. Archivo Histórico Provincial, Hacienda, 624.
-Mansilla Pérez, M. Isabel (1995): Los pósitos del campo de Calatrava en la provincia de Ciudad Real. Universidad Complutense.
https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/5d399a592999520684465f1b
miércoles, 18 de febrero de 2026
Nuestros refranes, 22
No había oído este dicho hasta ayer por la tarde, que lo
mencionó mi madre; los cuarenta y seis días que señala deben ser los que van
desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo y nos trasladan a otros
tiempos, en los que no era raro que mucha gente realizara sacrificios como
privarse de comer determinados alimentos, dejar de fumar, etc.













