lunes, 6 de abril de 2026

Los espacios del ayuntamiento viejo y el pósito habilitados como escuelas


En septiembre de 1726, el testamento de Juan del Burgo incluye una donación de 300 reales anuales para el nombramiento de un maestro de primeras letras; esta asignación sólo se haría realidad si sobrara dinero de las misas celebradas, el preceptor de Gramática, y las reparaciones de los dos molinos y el batán de la fundación; se trata de la mención más antigua sobre esta figura que se conoce en la localidad. Unas décadas después, la respuesta 32 del Catastro de Ensenada (1752) señala que Benito Blasco, maestro de primeras letras, gana 450 reales, aunque ese sueldo no está recogido en el capítulo de gastos del ayuntamiento, donde si se anotan, entre otros, los del escribano, el asesor de villa o el predicador de Cuaresma; cabe suponer que serían los alumnos los que harían frente al gasto. Ninguno de los documentos citados alude al lugar donde el maestro ejercía su profesión, aunque, si ejercía de modo privado, es posible que el local fuera de su propiedad o, seguramente, su propia casa a tenor del escaso jornal; resulta revelador que el fabricante de jabón ganara 500 reales, los molineros 650 y el cirujano sangrador 1500.

          La Ley Moyano de 1857 incorpora la obligatoriedad para la primera etapa (6-9 años) de enseñanza secundaria tanto para niñas como para niños, lo que implicaría la necesidad de habilitar escuelas para ambos sexos en las localidades donde no las hubiera. Se desconoce si hubo una escuela femenina con anterioridad a ese momento en Agudo, pero sí consta su existencia en abril de 1861, cuando el B.O.P. publica el itinerario de inspección de la provincia y señala dos escuelas en la localidad, una de niños y otra de niñas.


          Sobre la escuela de niñas, el archivo de la Diputación Provincial de Ciudad Real conserva un conjunto epistolar, que versa sobre la necesidad de conseguir un nuevo local debido a la precariedad del que se estaba utilizando. Es interesante la carta de octubre de 1963, donde se recoge una breve, pero precisa, descripción del espacio en uso, aunque no menciona su localización dentro del casco urbano:  …el local referido por la posición que ocupa es húmedo, carece de ventilación suficiente y es por lo mismo perjudicial a la salud de las niñas y de la maestra; carece también de la luz necesaria para el desempeño de los ejercicios a que aquellas se dedican y se halla en tal estado que nada es bastante a defenderlas del rigor de las estaciones. Carece también del espacio suficiente para la escuela y habitación de la maestra y su familia porque además del poco sitio son piezas tan reducidas y tan mal dispuestas que las destinadas para enseñanza no pueden contener el número de setenta que son las niñas que concurren generalmente a ella ni el menaje más preciso ni la maestra y su familia tienen apenas en donde permanecer siquiera retirados de la vista de las niñas de suerte que estas carecen de la sala o pieza en donde poder dedicarse con desahogo y comodidad a sus ejercicios  y la maestra no goza de una habitación decente y capaz… El mismo escrito señala que es de propiedad privada y que en la localidad no hay aposentos del Ayuntamiento ni del Estado donde pueda habilitarse la escuela. Una carta con fecha de 27-3-1865 da fin a las comunicaciones; en ella se insta al arquitecto provincial a que viaje hasta Agudo para realizar el presupuesto y planimetría del edificio escolar y vivienda de la maestra. La casa-escuela aprobada no debió pasar de proyecto, en cuanto que, en ese mismo año de 1865, las dependencias de la planta baja del Pósito (en realidad, la casa del alguacil ya que el Pósito siguió funcionando como tal hasta comienzos del siglo XX) se adaptaron para escuela de niñas y vivienda de la maestra, según afirma Mansilla Pérez.



        La misma autora señala que la escuela de niños se instaló en la planta superior; lo que coincide con la publicación, en el B.O.P. de 29/10/1861, de la subasta de la obra en la escuela pública de niños. El pliego de condiciones recoge, entre otras, el derribo de la pared divisoria entre galería y habitaciones, el cerramiento de tres arcos de la galería, “abrir una ventana y su colocación” y la instalación de dos ventanas de madera de dos hojas con ventanillo cada hoja con un coste total de 1.160 reales. El documento afirma que se trata de un ensanche, por lo que cabría suponer que el aula de niños se habría instalado ahí con anterioridad; además, el presupuesto no recoge la escalera de acceso por la calle San Juan, imprescindible para dotar a la estancia de un acceso independiente, aunque podría haber ocurrido que se usara la escalera, que daba acceso a otros espacios de la planta superior de este mismo edificio, destinados, seguramente, a oficinas municipales.
        El crecimiento de la población continúa imparable hasta mediados del siglo XX, lo que debió incrementar las necesidades de espacios para la escolarización; de otro modo, el pósito perdió sus funciones en 1906, lo que permitió la ocupación de algunas de sus estancias como nuevas aulas escolares. En la segunda década del siglo o quizá antes, la escuela de niñas estaría en la planta superior del ayuntamiento, en el aula que, en el siglo anterior habían ocupado los niños; éstos se habían instalado en el piso alto del pósito, cuya escalera de acceso se localizaba en la estancia frente a la puerta de Poniente de la parroquia. Hasta la Guerra Civil, los niños más pequeños estaban escolarizados en el asilo, el inmueble situado frente a la puerta de Palacio.

En el primer tercio del siglo XX, la actual casa del alguacil y las dependencias de la cárcel estuvieron destinados a morada de los maestros, pues no fue hasta los tiempos de la 2ª República cuando la citada casa del alguacil pasó a ser el hogar de estos oficiales del ayuntamiento; pudo ser entonces cuando se desgajaron las estancias del norte para utilizarlas como cárcel, pues me contaron de gente que estuvo allí detenida. Hasta entonces, había sido  la planta baja del pósito la que acogió ese uso; finalizada la Guerra Civil, algunas de sus estancias se usaron como piconera para las escuelas y las oficinas municipales.

A comienzos de la década de los cuarenta, la escalera de acceso al piso superior del pósito, donde se hallaban las aulas de los niños, se sacó a la plaza (donde está ahora) y la sala, que había ocupado hasta entonces, se habilitó como otra aula para niñas; la pieza que hoy ocupan los servicios, que hasta ese momento había constituido la entrada principal del ayuntamiento también se usó como clase de niñas en esos años.


En un momento no determinado, quizá finales de los años cincuenta, se abandonó la estancia de los servicios y se acomodaron tres naves de la planta baja del pósito (la cuarta quedaría como piconera). Las dos del fondo se destinaron a párvulos y la que hoy ocupa Correos para niñas de 6 años. En la década de los cincuenta se habían construido a peón de villa seis aulas en el ejido, junto a la ermita de la Virgen (fueron conocidas como las escuelas de abajo, en tanto que las antiguas pasaron a llamarse escuelas de arriba); tres se asignaron a niñas y tres a niños. Cuando, en 1969, se inauguró el edificio nuevo en el patio de las escuelas de abajo las de arriba perdieron definitivamente el uso al que habían estado destinadas durante más de un siglo. 


[ Mi agradecimiento a Julio Chocano, quien me proporcionó la correspondencia entre el Ayuntamiento de Agudo y la Diputación de Ciudad Real; son fotografías de los documentos originales conservados en el archivo de la Diputación Provincial. Desconozco sus referencias bibliográficas].

-Las imágenes proceden de mi archivo personal y del de los hermanos Muñoz Redondo, salvo la de los alumnos del asilo, que no recuerdo quién me la proporcionó.

-Boletín Oficial de la Provincia, nº de 1/abril/1861 y 29/noviembre/1861.

-Catastro de Ensenada. Respuestas Generales de Agudo, 1752. Archivo Histórico Provincial, Hacienda, 624.

-Mansilla Pérez, M. Isabel (1995): Los pósitos del campo de Calatrava en la provincia de Ciudad Real. Universidad Complutense.

 https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/5d399a592999520684465f1b


miércoles, 18 de febrero de 2026

Nuestros refranes, 22


          No había oído este dicho hasta ayer por la tarde, que lo mencionó mi madre; los cuarenta y seis días que señala deben ser los que van desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo y nos trasladan a otros tiempos, en los que no era raro que mucha gente realizara sacrificios como privarse de comer determinados alimentos, dejar de fumar, etc.


 

domingo, 1 de febrero de 2026

Nuestros refranes, 20


       Este refrán apunta a otros tiempos, cuando los domingos no eran considerados días de gozo, sólo de celebración religiosa; por ello, se consideraba que no había festivos desde San Blas hasta Carnaval, lo que podía hacerse muy largo si esta última fiesta no tenía lugar hasta el mes de marzo.

 

lunes, 20 de octubre de 2025

Una banda de música agudeña


    La fotografía me la ha enviado Teodomiro García de las Piedras, que me ha contado que uno de los músicos fue su padre. También me ha dicho que la banda estuvo vigente en los años treinta del siglo pasado, aunque no supero la mitad de la década, pues en el libro de actas de 1935 se anota que los instrumentos se subastaron en 1935. 
    Es todo lo que sé sobre esta asociación musical; sería interesante que los que tuvieran alguna información extra se animaran a compartirla.
 

miércoles, 6 de agosto de 2025

Conmemoración del 450 aniversario del establecimiento del culto a la Virgen del Rosario


                    El enlace que se inserta a continuación  https://losauroros.blogspot.com/2025/08/cronica-del-450-aniversario-del-culto.html lleva al artículo sobre el evento celebrado el pasado 12 de julio y ha sido publicado por Joaquín Gris en el blog de la Aurora de Santa Cruz. Al final del artículo, el autor ha incluido vídeos sobre el acto que tuvo lugar en la plaza y el rosario por las calles de la localidad.

 

domingo, 13 de julio de 2025

450 años del establecimiento del culto a Nuestra Señora del Rosario

Los auroros en la puerta de la parroquia en la madrugada del primer domingo de octubre (fotografía de J. Joaquín Fernández).

Cofradía de la Virgen del Rosario
La victoria cristiana en Lepanto (7/10/1571), que Pío V adjudicó a la intervención de la Virgen del Rosario, supuso el estímulo definitivo para la devoción al rezo del rosario. Dos años después, Gregorio XIII instaurará la celebración de esta advocación mariana en el primer domingo de octubre.
En 21 de diciembre de 1575, frey Alonso de Villanueva, de la Orden de Predicadores, estableció en Agudo la cofradía de Nuestra Señora del Rosario. El fraile dejará un conjunto de normas muy básicas, centralizadas en el rezo del rosario, que deberán acatar los hermanos de la cofradía; además, se promulga que la fiesta principal se celebrará el primer domingo de octubre y que los hermanos deberán rezar también en las cinco festividades de la Virgen (Purificación, Asunción, Anunciación, Virgen del Rosario y Natividad) en los pueblos donde resida la Orden de Santo Domingo (no era el caso de la villa de Agudo, aunque también se conmemoraron esas advocaciones en la localidad). Desde los primeros momentos, estuvo abierta a todos los cristianos, sin distinciones de sexo o estado, con la condición ineludible de rezar una vez a la semana todo el Rosario de Nuestra Señora que es quince veces el paternóster y ciento cincuenta avemarías. El cumplimiento de esta práctica conllevaba una serie de privilegios y perdones de tipo religioso, recogidos en un libro cancelario, que comienza con el establecimiento de la institución y perdura hasta 1801. Nada se consignó sobre la elección y número de oficiales, pero, durante los 225 años que abarca el libro, siempre se designaron dos alcaldes, un capellán, un mayordomo, un escribano y un muñidor. 
La nueva fundación debió adoptar como patrona a una talla de la Virgen, que ya tenía la parroquia, pues el libro cancelario no alude a su adquisición. La primera mención a la imagen de la advocación se documenta en septiembre de 1608, cuando el prior del convento de Santo Domingo de Ciudad Real la establece como tal.
Desde los inicios, las celebraciones religiosas incluyeron dos fiestas principales, la del 12 de julio (un día como hoy) y la del primer domingo de octubre; estos días, los actos religiosos incluyeron vísperas, misa y procesión, y, en ocasiones, sermón, poniendo especial cuidado en la ornamentación de la iglesia y de la propia imagen. La adquisición de una carga de ramos y juncia, la instalación de las colgaduras  en el interior de la parroquia y el montaje de un trono se adjuntaron a menudo en las partidas de gastos. Los festejos incluyeron también un interesante elenco de prácticas lúdicas, seguramente, muy aclamadas por el pueblo; las comedias, cuyos costes de vestuario y montaje del tablado comparten a veces con otras cofradías, y los toros son los entretenimientos más repetidos. Las obras de teatro contaron en alguna ocasión con acompañamiento musical, pues se menciona la adquisición de cuerdas “para la música de las comedias”. A lo que parece, las capeas fueron un elemento constante durante todo el siglo XVII y fue la propia cofradía la encargada de organizarlas; el pago a los boyeros, que conducían los toros a la villa, la colocación de las barreras en la plaza y el coste del animal figuran, con frecuencia, en el bloque de gastos. 
Sin que afecte al devenir de la cofradía ni a la localidad, cabe mencionar la Loa nº 15 de Hurtado de Mendoza, poeta y dramaturgo del Siglo de Oro; está dedicada a la Virgen del Rosario y las doce estrofas finales se refieren a las fiestas de la Virgen del Rosario de Agudo, sus prácticas, los alcaldes de la hermandad, que la gobernaron desde julio de 1619 hasta el mismo mes de 1620, el prior de la parroquia y el patrón, San Benito Abad.
      Hasta el verano de 1936, la Virgen del Rosario tuvo altar propio y, desde la segunda mitad del siglo XVII, retablo junto a la puerta de la actual sacristía. Los inventarios de la iglesia, conservados en el archivo parroquial, correspondientes a la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del XX indican que la imagen de esta virgen ocupaba la hornacina principal y el conjunto de altar y retablo era conocido con su nombre.
  Además de las dos fiestas principales, la cofradía celebró las procesiones de todos los primeros domingos de mes y las conmemoraciones de las fiestas de la Virgen, que no se limitaron a las cinco festividades designadas en las normas inaugurales. Nuestra Señora de la Paz (24 de enero), la Candelaria (2 de febrero), la Anunciación (25 de marzo), la Visitación (2 de julio), Nuestra Señora de las Nieves (5 de agosto), la Asunción (15 de agosto), la Natividad (8 de septiembre), la Presentación (21 de noviembre), la Concepción (8 de noviembre) y Nuestra Señora de la O (18 de diciembre) son diez advocaciones marianas, cuya misa se anota en la partida de gastos de las cuentas correspondientes a sus primeras décadas de existencia. 
        En la segunda mitad del siglo XVII surge y se generaliza en el país una nueva práctica denominada Rosario público o callejero, que consiste en rezar el rosario por las calles en lugar de hacerlo en el interior de los templos. Se relaciona este hábito con Sevilla y las predicaciones del padre Ulloa (1688-1690), aunque en Cádiz destacó la figura de fray Pablo, que conformó el modo en que debía llevarse a cabo esta actividad. El fraile gaditano estableció que el cortejo debía organizarse detrás de una cruz guía, flanqueada por dos faroles altos encendidos, y estaría presidida por un simpecado con la imagen de la Virgen, rodeado por cuatro faroles encendidos. Se desconoce el momento en que esta expresión religiosa se incorporó a los actos de la cofradía agudeña, pero en las cuentas correspondientes a 1757  se anota la adquisición de un estandarte… con el escudo de Nuestra Señora del Rosario y… Santo Domingo por un lado y por el otro la cruz de la Orden de Calatrava… para que los rosarios públicos que continuamente se cantan por las calles los días de festividad lleven la efigie de Nuestra Señora… Consignan también que el citado estandarte sustituye a otro muy viejo, que ha estado en uso durante mucho tiempo, lo que parece corroborar cierta antigüedad para esta práctica. La disposición del cortejo implantada por el fraile gaditano continúa vigente en el rosario de la aurora de Agudo.
         El culto, los actos lúdicos de las fiestas principales y las retribuciones de los visitadores eclesiásticos se financiaron con las limosnas, mandas testamentarias y otras donaciones realizadas por los devotos, pues no consta que se cobraran cuotas a los hermanos. Especialmente generosa fue la familia Montano, que mantuvieron la mayordomía e hicieron frente a buena parte de los gastos durante más de cuarenta años; en el tiempo de su gestión se compró la corona de plata, la lámpara de aceite del mismo material y se construyó el retablo antiguo. La intercesión de los Montano debió suponer un alivio, pues la contabilidad y los inventarios de bienes demuestran que la cofradía nunca anduvo muy sobrada de numerario. Prueba de ello es que en 1636 organizaron la fiesta del 12 de julio a medias con san Benito y, casi un siglo después (1724), la comedia era financiada por uno de los oficiales de la hermandad; así lo constató el visitador del arzobispo de Toledo, que decidió invalidar semejante costumbre. A partir de mediados del siglo XVIII, los inventarios recogen como propios los mantos del Resucitado y el Niño Jesús usado para el Nacimiento; a lo que parece, la cofradía había asumido unos gastos sin relación con sus propias prácticas, aunque en el libro cancelario no aparece ningún auto donde se comprometan con ellos. 
       Las limosnas y mandas podían recibirse en especie (trigo, un ternero, una o varias cabras, etc.) o en metálico. El trigo consta que se vendía al pósito y los animales pasaban a engrosar la ganadería de la cofradía, cuya guarda se dejaba en manos de particulares o en las de los vaqueros del concejo si se trataba de reses vacunas. La partida de gastos ordinarios incluía siempre la cera para las hachas y velas, el aceite para la lámpara y algún ornamento, que necesitaba renovarse (vestimenta, estandarte, etc.). El escaso dinero sobrante se invirtió animales, vacas, cabras y colmenas, fundamentalmente, arrendadas a particulares a cambio de una renta fija. Tuvieron también dos censos de escaso caudal y dos cercas pequeñas, legadas por los Montano; la de los Huertos se localizaba a la bajada de las calles Abades y Prior, y la del Humilladero quedaba frente al pilar del Caño.
      Apremiada por el Consejo de Órdenes Militares, la cofradía de la Virgen del Rosario contribuyó en las obras de la iglesia parroquial, realizadas en la última década del siglo XVIII; del superávit de las cuentas correspondientes al periodo comprendido entre agosto de 1792 y diciembre de 1793, los oficiales decidieron que el mayordomo conservara ciento cuarenta reales para los gastos ordinarios, y los trescientos treinta y nueve reales con quince maravedíes restantes se entregaran al mayordomo de la parroquia como aportación obligada.
      El libro cancelario conservado concluye con la contabilidad de septiembre de 1796 a mayo de 1801. El final del libro no implica la disolución de cofradía, pues en la cara posterior del último folio del volumen, a continuación de la cuenta, se inscribió una nota con distinta letra y tinta que hace referencia a 1825; parece evidente que los administradores de la institución dieron comienzo a un nuevo tomo, cuya desaparición nos impide conocer su evolución durante el siglo XIX. 

Papel de los auroros en esta conmemoración
Y después de estos apuntes sobre la instauración oficial del culto a la Virgen del Rosario y la cofradía, que lo propicio, cabría preguntar sobre el papel que los auroros tienen en esta conmemoración.
Desde que se publicaran las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de la Aurora en 1765 (hace ya 220 años) y su mención en el censo de Aranda cinco años después, ignoramos cualquier información sobre el devenir de esta hermandad, que se organizó bajo el patronazgo de la Virgen de la Estrella y en su ermita. Lo que sí conocemos sobradamente es que la Virgen del Rosario es la patrona de los auroros hasta donde alcanza la memoria de los más viejos y, además, en el cancionero de 1914, titulado Coplas en alabanzas a Nuestra Señora del Rosario de la Aurora, Benito Ortiz insertó su estampa.
Qué cambios tuvieron lugar durante el siglo XIX es algo que no tenemos claro, al menos yo, pues, como afirmara D. Alfonso Axpe en las nuevas ordenanzas en 1965, en la Guerra Civil se destruyeron todos los efectos de la hermandad, incluidos los estatutos; en todo caso, es evidente que aún queda mucho por investigar sobre este tema.

Los cancioneros de los auroros
Finalmente, resulta obligado incluir alguna información sobre los cancioneros conservados en la actualidas a fin de que todos tengamos algunas nociones claras al respecto.
Las coplas de los auroros fueron compiladas por Benito Ortiz en tres libros  en las dos primeras décadas del siglo XX; todos ellos se titulan Coplas a Nuestra Señora del Rosario de la Aurora. Los tres siguen un orden similar y repiten, en buena medida, las mismas canciones con algunas diferencias en cuanto al número de ellas. A fin de no confundirnos, designaremos los libros con el nombre de sus actuales poseedores.
El libro de Afrodisio es el que ha sido escrito con más esmero y contiene imágenes representativas en buena parte de los epígrafes. En cambio, es la que menos canciones comprende, sólo 917. Le faltan las orchanas, la letanía y el Stabat Mater, además de algunas estrofas sueltas en varios capítulos.
El libro de Teodoro incluye 1.091 canciones. Incluye las orchanas, el Stabat Mater, la letanía y alguna copla más que el de Afrodisio.
El libro de Antonio es el más completo, pues contiene casi 1.200 coplas; entre ellas, ocho estrofas más para la  Virgen de la Estrella y doce a la Virgen de Guadalupe, que no se menciona en los otros, 17 salves, y alguna estrofa más en los diferentes capítulos.
Con fecha de 1977, Miguel Orellana, escribió un nuevo libro, donde copia una parte de las coplas que ya habían sido recogidas en los tomos que escribiera Benito Ortiz. Debió manejar el ejemplar de Teodoro, pues contiene las orchanas completas y algunas estrofas del Stabat Mater, no incluido en el libro de Afrodisio.
En un momento no determinado, aunque debió ser en torno a 1980, pues las reproducciones son muy malas, se realizó un nuevo libro que es propiedad de los auroros; para ello, se fotocopió completó el libro de Afrodisio y, a continuación, se insertaron la letanía, las orchanas y otras coplas que el ejemplar de Afrodisio no contenía; algunas se intercalaron sin orden e, incluso, repetidas. Las nuevas incorporaciones, seguramente, se tomaron del libro de Teodoro, pues si se hubiera manejado el de Antonio, cabe suponer que habrían copiado también las dedicadas a la Virgen de la Estrella, patrona de Agudo. Cabe mencionar que esta copia contiene cuatro cuartetas que no se recogen en los libros originales de Benito Ortiz, aunque están escritas por él; son las que Juan Cerrillo titula El papa Pío VI, si bien en el libro de los auroros carecen de epígrafe. Incorpora, además, una Salve moderna escrita a máquina; seguramente un añadido de Afrodisio Ortiz.
La última compilación data de 2005 y su autor es Juan Cerrillo. A lo que parece, ha seguido el libro de los auroros, pues contiene la Salve escrita a máquina y las cuatro cuartetas del papa Pío VI, aunque ha modificado el orden de algunos títulos. 
Además, ha incluido cuatro estrofas denominadas Canciones de Navidad, que nada tienen que ver con los auroros y, según me han contado, alguna de ellas era popular hace ya algunas décadas. Añade también cuatro cuartetas con el título de El rezo del rosario, una estrofa sobre un milagro en la plaza de la Macarena (forma parte del repertorio de los auroros de Garbayuela, creo recordar)  y una popular casi satírica (el rosario de por la mañana / es para los pobres que no tienen pan / que los ricos se están en sus casas / guardando el rocío de la madrugá).
Nunca se recogieron en los cancioneros, pero el ingenio popular supo crear nuevas coplas con letras divertidas y, a veces, irónicas dirigidas a determinadas personas o situaciones. En un periodo de tiempo tan dilatado, debieron concebirse muchas más, aun cuando a mí solo me han llegado las dos anotadas que incorporo a continuación.
Al rosario de María tocan,
toquen o no toquen, yo no puedo ir
porque tengo las migas tostadas
y un vaso de vino para consumir.
…….
Porque tú eres un ladrón
que me robaste los cepos.
Más ladrón eres tú,
que metes mano en el cesto.