
En septiembre de 1726, el testamento de Juan del Burgo incluye una donación de 300 reales anuales para el nombramiento de un maestro de primeras letras; esta asignación sólo se haría realidad si sobrara dinero de las misas celebradas, el preceptor de Gramática, y las reparaciones de los dos molinos y el batán de la fundación; se trata de la mención más antigua sobre esta figura que se conoce en la localidad. Unas décadas después, la respuesta 32 del Catastro de Ensenada (1752) señala que Benito Blasco, maestro de primeras letras, gana 450 reales, aunque ese sueldo no está recogido en el capítulo de gastos del ayuntamiento, donde si se anotan, entre otros, los del escribano, el asesor de villa o el predicador de Cuaresma; cabe suponer que serían los alumnos los que harían frente al gasto. Ninguno de los documentos citados alude al lugar donde el maestro ejercía su profesión, aunque, si ejercía de modo privado, es posible que el local fuera de su propiedad o, seguramente, su propia casa a tenor del escaso jornal; resulta revelador que el fabricante de jabón ganara 500 reales, los molineros 650 y el cirujano sangrador 1500.
La Ley Moyano
de 1857 incorpora la obligatoriedad para la primera etapa (6-9 años) de
enseñanza secundaria tanto para niñas como para niños, lo que implicaría la
necesidad de habilitar escuelas para ambos sexos en las localidades donde no
las hubiera. Se desconoce si
hubo una escuela femenina con anterioridad a ese momento en Agudo, pero
sí consta su existencia en abril de 1861, cuando el B.O.P. publica el
itinerario de inspección de la provincia y señala dos escuelas en la localidad,
una de niños y otra de niñas.

Sobre la escuela de niñas, el archivo de la Diputación Provincial de Ciudad Real conserva un conjunto epistolar, que versa sobre la necesidad de conseguir un nuevo local debido a la precariedad del que se estaba utilizando. Es interesante la carta de octubre de 1963, donde se recoge una breve, pero precisa, descripción del espacio en uso, aunque no menciona su localización dentro del casco urbano: …el local referido por la posición que ocupa es húmedo, carece de ventilación suficiente y es por lo mismo perjudicial a la salud de las niñas y de la maestra; carece también de la luz necesaria para el desempeño de los ejercicios a que aquellas se dedican y se halla en tal estado que nada es bastante a defenderlas del rigor de las estaciones. Carece también del espacio suficiente para la escuela y habitación de la maestra y su familia porque además del poco sitio son piezas tan reducidas y tan mal dispuestas que las destinadas para enseñanza no pueden contener el número de setenta que son las niñas que concurren generalmente a ella ni el menaje más preciso ni la maestra y su familia tienen apenas en donde permanecer siquiera retirados de la vista de las niñas de suerte que estas carecen de la sala o pieza en donde poder dedicarse con desahogo y comodidad a sus ejercicios y la maestra no goza de una habitación decente y capaz… El mismo escrito señala que es de propiedad privada y que en la localidad no hay aposentos del Ayuntamiento ni del Estado donde pueda habilitarse la escuela. Una carta con fecha de 27-3-1865 da fin a las comunicaciones; en ella se insta al arquitecto provincial a que viaje hasta Agudo para realizar el presupuesto y planimetría del edificio escolar y vivienda de la maestra. La casa-escuela aprobada no debió pasar de proyecto, en cuanto que, en ese mismo año de 1865, las dependencias de la planta baja del Pósito (en realidad, la casa del alguacil ya que el Pósito siguió funcionando como tal hasta comienzos del siglo XX) se adaptaron para escuela de niñas y vivienda de la maestra, según afirma Mansilla Pérez.

La misma autora señala que la escuela de niños se instaló en la planta superior; lo que coincide con la publicación, en el B.O.P. de 29/10/1861, de la subasta de la obra en la escuela pública de niños. El pliego de condiciones recoge, entre otras, el derribo de la pared divisoria entre galería y habitaciones, el cerramiento de tres arcos de la galería, “abrir una ventana y su colocación” y la instalación de dos ventanas de madera de dos hojas con ventanillo cada hoja con un coste total de 1.160 reales. El documento afirma que se trata de un ensanche, por lo que cabría suponer que el aula de niños se habría instalado ahí con anterioridad; además, el presupuesto no recoge la escalera de acceso por la calle San Juan, imprescindible para dotar a la estancia de un acceso independiente, aunque podría haber ocurrido que se usara la escalera, que daba acceso a otros espacios de la planta superior de este mismo edificio, destinados, seguramente, a oficinas municipales.
El crecimiento de la población continúa imparable hasta mediados del siglo XX, lo que debió incrementar las necesidades de espacios para la escolarización; de otro modo, el pósito perdió sus funciones en 1906, lo que permitió la ocupación de algunas de sus estancias como nuevas aulas escolares. En la segunda década del siglo o quizá antes, la escuela de niñas estaría en la planta superior del ayuntamiento, en el aula que, en el siglo anterior habían ocupado los niños; éstos se habían instalado en el piso alto del pósito, cuya escalera de acceso se localizaba en la estancia frente a la puerta de Poniente de la parroquia. Hasta la Guerra Civil, los niños más pequeños estaban escolarizados en el asilo, el inmueble situado frente a la puerta de Palacio.

En el primer tercio del siglo XX,
la actual casa del alguacil y las dependencias de la cárcel estuvieron
destinados a morada de los maestros, pues no fue hasta los tiempos de la 2ª
República cuando la citada casa del alguacil pasó a ser el hogar de estos
oficiales del ayuntamiento; pudo ser entonces cuando se desgajaron las
estancias del norte para utilizarlas como cárcel, pues me contaron de gente que
estuvo allí detenida. Hasta entonces, había sido la planta baja del pósito la que acogió ese
uso; finalizada la Guerra Civil, algunas de sus estancias se usaron como
piconera para las escuelas y las oficinas municipales.
A comienzos de la década de los
cuarenta, la escalera de acceso al piso superior del pósito, donde se hallaban
las aulas de los niños, se sacó a la plaza (donde está ahora) y la sala, que
había ocupado hasta entonces, se habilitó como otra aula para niñas; la pieza
que hoy ocupan los servicios, que hasta ese momento había constituido la
entrada principal del ayuntamiento también se usó como clase de niñas en esos
años.

En un momento no determinado,
quizá finales de los años cincuenta, se abandonó la estancia de los servicios y
se acomodaron tres naves de la planta baja del pósito (la cuarta quedaría como
piconera). Las dos del fondo se destinaron a párvulos y la que hoy ocupa
Correos para niñas de 6 años. En la década de los cincuenta se habían
construido a peón de villa seis aulas en el ejido, junto a la ermita de la
Virgen (fueron conocidas como las escuelas de abajo, en tanto que las antiguas
pasaron a llamarse escuelas de arriba); tres se asignaron a niñas y tres a
niños. Cuando, en 1969, se inauguró el edificio nuevo en el patio de las
escuelas de abajo las de arriba perdieron definitivamente el uso al que habían
estado destinadas durante más de un siglo.
[ Mi agradecimiento a Julio Chocano, quien me proporcionó la correspondencia entre el Ayuntamiento de Agudo y la Diputación de Ciudad Real; son fotografías de los documentos originales conservados en el archivo de la Diputación Provincial. Desconozco sus referencias bibliográficas].
-Las imágenes proceden de mi archivo personal y del de los hermanos Muñoz Redondo, salvo la de los alumnos del asilo, que no recuerdo quién me la proporcionó.
-Boletín Oficial de la Provincia, nº de 1/abril/1861 y 29/noviembre/1861.
-Catastro de Ensenada. Respuestas Generales de Agudo, 1752. Archivo Histórico Provincial, Hacienda, 624.
-Mansilla Pérez, M. Isabel (1995): Los pósitos del campo de Calatrava en la provincia de Ciudad Real. Universidad Complutense.
https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/5d399a592999520684465f1b
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